Futuros 2084

Heterotopías (o de los sueños de un mundo mejor)

Heterotopías (o de los sueños de un mundo mejor)

Autor/es: Virginia Balmaceda

¿Cómo empezar este escrito sin que sea una mera expresión de deseo…? pienso. Y me digo, me pregunto, intento dejarme llevar, entonces escribo.

“Que no es la estructura social”, no. Intentar situar la problemática allí me significaría desde el vamos un problema. Porque no se trata de estructuras. Se trata de subjetividades, de sujetos… pero pensantes. De nosotros, con otros. Se trata de pensar(nos) más allá de nosotros mismos y prestar una escucha ajena a aquello que nos rodea. Se trata de mirarnos, reconocernos y vernos en esos otros distintos, diferentes, con sus luchas, con sus problemas.

¿Es la economía o son los derechos? Ninguno. O los dos. Ambos nos atraviesan, nos constituyen, ciudadanos de mundos. Para pararnos, para identificarnos, para resistir o transgredir. Para vivir.

Un pensador (francés, anduvo por allí por el ‘68) propuso el término heterotopías, para empezar a imaginar estos posibles focos de resistencia. Porque vivir en este mundo (hoy) sigue representando eso. Poder dar cuenta de cómo los poderes actúan en nosotros para empezar a comprender el por qué de muchas acciones se convirtió, así, en premisa para una concepción del cómo habitamos nuestro presente. Identificar las formas de negación desde ciertas posiciones (de subjetividad, en un marco de relaciones) nos ayuda a entender un poco más cómo transcurrir el tiempo que nos toca.

Si se busca comenzar a interrogarnos, entonces, acerca del trabajo o de lo que los medios de comunicación nos dicen: del medio ambiente, de la naturaleza o de cuanto debate haya en cuestión en relación con las modalidades aludidas en los párrafos precedentes nos invita a reflexionar sobre la(s) forma(s) en las que habitualmente categorizamos. ¿Y que es lo que se categoriza? Se categoriza la vida, a nosotros, los sujetos. ¿Qué implica ello? Implica, muchas veces, intentar cuadrar en normas estipuladas sin un propósito que se ajuste a la singularidad que nos convierte en únicos. ¿Que hay pautas a las que responder? Seguro. ¿Que ellas nos contemplan igualmente a todos? Nunca. ¿Que se puede hacer algo con ello? Se puede decir o hacer.

Y ya decir es mucho. Si somos capaces de decir. De decir esto, decir lo que nos pasa, decir lo que le pasa: a mi vecino, a mi amiga, a mi hijo, a mi jefe, ¡a mi presidente! Decirnos.

Al pensar, preguntarme y lograr decir lo que digo es que puedo ser capaz de hacer. Hacer desde mí, para mí, pero para otros. Porque no se trata del individuo versus la estructura. Los modos de acción están imbricados, así, por la posibilidad de reflexión acerca de aquello que me rodea, pero me constituye. No para siempre ni menos de modo universal. En mi singularidad, hoy, ahora.

Entonces solo puedo pensar en una fiesta probable, de muchos. Sueño una fiesta en la que el arte o el entretenimiento no son concebidos como un “trabajo” con cierta imposición cínica. Y es solo allí que puedo imaginar una movilidad verosímil, que me sitúa al costado, delante, detrás de otros con los que no se compite, se camina.

Y solo allí, luego, emerge como condición de posibilidad ese otro (D)eseo. Con otros, en otros, implicados, mirados y escuchados.

 

 

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